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Suplementación15 marzo 2025

Lo que NO tomo: NMN, resveratrol, rapamicina, péptidos y el hype de la longevidad

Lo que NO tomo: NMN, resveratrol, rapamicina, péptidos y el hype de la longevidad

Tanto como lo que sí tomo, importa lo que no tomo. En los últimos años, el mundo de la longevidad se ha llenado de moléculas "revolucionarias" con promesas enormes: NMN, NR, resveratrol, rapamicina, péptidos como BPC-157 o epitalón, spermidina, metformina en sanos, fisetina en pulsos. Muchas se venden con precios muy altos y con marketing que cita estudios espectaculares. Pero, a día de hoy, con la evidencia disponible en humanos, no tomo ninguna. Y creo que explicar por qué es tan importante como hablar de los cuatro suplementos que sí tomo.

NMN (nicotinamida mononucleótido) y NR (nicotinamida ribósido). Son precursores del NAD+, una coenzima que decae con la edad. La teoría es preciosa: subir NAD+ debería mejorar el metabolismo y el envejecimiento. La realidad en humanos es mucho más modesta. Un ensayo de Martens en Nature Communications (2018) con NR en adultos mayores mostró que sí sube el NAD+ muscular, pero los efectos clínicos son pequeños: una ligera reducción de tensión arterial en un subgrupo y no mucho más. Un ensayo más reciente con NMN, de Yoshino en Science (2021), mostró mejoras en sensibilidad a la insulina en mujeres postmenopáusicas prediabéticas, pero los efectos son modestos y el precio del NMN es alto. En conjunto, la evidencia en humanos no justifica, para mí, el coste de 60-100 € mensuales. Los estudios espectaculares son en ratones, y no tomo mouse studies como guía.

Resveratrol. Fue la estrella durante una década después de los estudios de Sinclair en levaduras y ratones. En humanos, múltiples ensayos han mostrado efectos muy limitados o neutros. Un metaanálisis de Liu en The American Journal of Clinical Nutrition (2014) mostró efectos pequeños sobre marcadores cardiovasculares y cero evidencia de beneficio sobre mortalidad o envejecimiento biológico. El efecto protector que se pensaba en "la paradoja francesa" del vino tinto no se replica con resveratrol aislado. Simplemente no vale la pena.

Rapamicina. Esta es la más interesante, pero también la más arriesgada. Extiende vida en modelos animales de forma robusta. En humanos, su uso como inmunosupresor tras trasplantes está bien establecido, y hay señales tempranas de que en dosis bajas intermitentes podría modular el sistema inmune envejecido. Pero a día de hoy no hay ensayos fase 3 en humanos sanos para longevidad. Hay efectos adversos conocidos (retraso de cicatrización, estomatitis, alteraciones lipídicas, posible intolerancia a la glucosa) y cero protocolo estandarizado. Yo no la tomo porque los beneficios son hipotéticos en humanos y los riesgos son concretos. Si algún día hay un ensayo fase 3 con señal clínica clara, lo reconsideraría. Hoy no.

Péptidos: BPC-157, TB-500, epitalón, GHK-Cu. Esta es la categoría donde el marketing más se ha desbocado. BPC-157 se vende como "curalo-todo" para tendones. La evidencia en humanos es, literalmente, casi inexistente. Los estudios son casi todos en ratas. En la mayoría de países estos péptidos no tienen aprobación como medicamento ni como suplemento; se venden como "químicos de investigación". Para mí, inyectarme algo sin ensayos en humanos ni pureza garantizada es exactamente lo contrario de la medicina basada en evidencia.

Metformina en sanos. Aquí hay matices. En diabéticos y prediabéticos la evidencia es sólida. En sanos, para longevidad, el ensayo MILES en Aging Cell (2020) mostró cambios transcriptómicos interesantes pero pequeños, y un estudio observacional sugirió menor mortalidad en diabéticos con metformina frente a no diabéticos (lo cual es sospechoso metodológicamente). El ensayo TAME, que debería responder la pregunta, sigue buscando financiación. Además hay datos preocupantes: Konopka en Aging Cell (2019) mostró que metformina atenúa las adaptaciones al ejercicio de fuerza en mayores. Yo hago mucho ejercicio; no tiene sentido antagonizarlo con un fármaco. Espero al TAME.

Spermidina. Evidencia modesta en humanos. Un ensayo de Kiechl en The American Journal of Clinical Nutrition (2018) sugirió menos mortalidad con mayor ingesta dietética, pero no hay ensayos robustos de suplementación aislada. Prefiero comer germen de trigo, queso viejo y soja fermentada, que la llevan.

Un principio guía: antes de tomar algo, miro si hay ensayos aleatorizados en humanos con endpoints clínicos y tamaño muestral decente. Si la evidencia es ratones, levaduras, estudios in vitro o ensayos de 30 personas durante 8 semanas, no tomo. La industria de la longevidad vende hype. Mi cuerpo no es un ratón de laboratorio.

El riesgo que más me preocupa no es el de efectos adversos directos (aunque existe). Es el riesgo de oportunidad: si gasto 200 € al mes en NMN, resveratrol y un péptido de moda, ese dinero y esa atención no van a una analítica trimestral, a un buen par de zapatillas, a comida real de calidad o a un entrenador personal una vez al mes. La longevidad se juega mucho más en los pilares aburridos que en las moléculas de moda.

Mi lista de suplementos en 2025 sigue siendo corta, barata y validada: creatina, omega-3, vitamina D3 con K2, y un multivitamínico. Coste total: unos 50 € al mes. Evidencia: cientos de ensayos en humanos. Efectos: modestos pero reales y mensurables en mis analíticas. Prefiero esto a un armario lleno de potes caros con promesas basadas en roedores. Cuando la ciencia en humanos sea sólida, me subiré. Mientras tanto, pilares.

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